viernes, 26 de julio de 2013

capitulo 1.


Ahí está, por fin, sobre el escenario, frente a todo el mundo. Mira a todas esas personas, que aplauden y gritan su nombre, al son de una melodía que apenas se escucha a causa de las ovaciones. Serena les mira sonriendo, uno a uno, buscando caras familiares. No ve a sus padres, y eso le parece raro. Ellos saben que para Serena, la actuación que acaba de hacer, es muy importante. Entonces se oye un grito. Serena deja de sonreír y todas las personas callan, con miedo, mirando hacia todas partes para ver si falta alguno de sus familiares. Entonces, temblona, baja del escenario y corre hacia la puerta, de la cual antes salía ese terrible gemido. Con el corazón en la boca y casi sin aliento, alcanza el manillar de la pesada puerta de acero del salón de actos y lo empuja con cuidado. Cuando consigue abrirla no abre los ojos, por miedo de lo que pueda encontrarse. Los va abriendo poco a poco y mira hacia el suelo. Aterrorizada y con la mandíbula desencajada intenta gritar, pero su garganta no consigue emitir ningún sonido. Se mira a ella misma y se da cuenta de que su traje ha cambiado. Ya no lleva ese traje de época rojo con flores amarillas y cancán, ahora su vestimenta es muy diferente. Lleva puesta una larga falda blanca que le llega a los pies y una camisa de la misma tela y color de la falda. Vuelve a mirar al suelo, donde una mujer, de la que su figura le resulta familiar, yace sobre un charco de sangre que proviene de su cuello. Intenta alejarse del cuerpo, pero algo se lo impide. Mira hacia abajo, y contempla, horrorizada, la sangre de la mujer subiendo por su falda. Grita, grita con todas sus fuerzas, hasta quedarse sin aliento y…

Abre los ojos y da un salto cayéndose del sofá. Se toca la frente, esta sudando. Respira hondo y suspira, ahora más tranquila y consciente de que solo era un sueño. Se levanta de un salto, algo dolorida después del golpe que acaba de recibir, al caerse del sofá. Estúpida pesadilla. Seguro que todo ha sido por culpa de esa película de miedo que vio antes de quedarse dormida. La verdad es que no entiende por qué ha visto esa película, ya que Serena es una cagada y no las aguanta, pero todo el mundo hablaba de ella y no pudo resistirlo, aunque se ha quedado dormida antes de que terminara, y eso que se ha tomado, mientras la veía, dos coca-colas normales para no dormirse. Mira la mesita de cristal que se encuentra en frente del sofá y ve las dos latas de coca-cola que se tomó antes, además de las dos bolsas de palomitas de maíz para microondas y el recipiente que llenó de patatas fritas súper onduladas, que ahora se encuentra vacio. Y ahora se arrepiente. No debería haberse comido todo eso. Siempre se queja de que ha engordado mucho en poco tiempo, aunque no se le note demasiado. Suspira. Se siente mal por habérselo comido, pero ya no hay vuelta atrás, ya no sirve de nada arrepentirse. Mete las dos latas de coca-cola en una de las bolsas de palomitas y mete ésta en el recipiente donde, anteriormente estaban las patatas fritas, y lo coge con una mano, mientras en la otra, lleva la segunda bolsa de palomitas. Camina despacio hacia la cocina, cansada. ¿Qué hora será? Ni idea, aunque se muere de sueño, asique debe ser muy tarde. Llega a la cocina y ve una nota de su madre en la nevera.

 Hola cariño. Tu hermana y yo nos hemos ido a casa de tu tío porque tenía que trabajar y nos llamó para que cuidáramos del primo Álvaro. Te lo he puesto en una nota porque te habías quedado dormida y no quería despertarte. No te vayas muy tarde a la cama que mañana tienes clase. Un beso, mamá.


Genial, sola en casa, ya que su padre trabaja hoy de noche. Deja todo lo que cogió antes, en la encimera color Corinto de la cocina y coge las dos latas para después tirarlas a la papelera de la bolsa amarilla. Deja el recipiente en el lavavajillas y se apoya en la encimera, cansada. Coge una de las bolsas de palomitas y mira en su interior. Quedan dos palomitas y mete la mano para cogerlas. Cuando ya las tiene en la mano las mira con deseo, no debería hacerlo pero se las come. Seguro que comiéndose esas dos palomitas ha contribuido a que su peso aumente en un quilo, pero basta ya de obsesionarse. Tira a la papelera las dos bolsas y sacude las manos. Se frota los ojos y se da cuenta de que ya no tiene sueño. Eso le preocupa. Mira hacia el reloj blanco de pared que tienen en la cocina. Las 2:41 de la madrugada. Suspira. Solo de pensar que mañana se tendrá que levantar a las siete de la mañana para ir a clase se cansa. ¿Y si no va? No, su madre la mataría. Además, va un poco mal en lo que se refiere a los estudios y no quiere arriesgarse a perder ninguna lección importante, aunque se distrae en clase con facilidad, pero algo de lo que diga el profesor se le quedará en la mente, aunque sea solo el titulo de la lección.

Apaga la luz de la cocina, no sin antes encender la del pasillo que lleva a su habitación. Después de la película que ha visto y de la pesadilla que ha tenido, no va a quedarse a oscuras estando sola en casa, ni hablar. Mirando al frente y con cuidado de no chocarse con nada, consigue llegar a su cuarto. Busca, a tientas el interruptor de su habitación, no sin antes mirar al suelo, por si acaso se encontrara un cadáver, como en su sueño. Cuando consigue encender la luz de su cuarto, apaga la luz del pasillo y entra en la habitación cerrando la puerta tras de sí. Contempla su cuarto, ahora iluminado por una luz blanca que proviene de de una lámpara de pared diseñada de tal forma que parezca un cuadro. Nunca le ha gustado esa iluminación, es más, siempre le ha recordado a la iluminación de una habitación de hospital. Espeluznante, definitivamente tiene que cambiar esa bombilla. Camina hacia el escritorio color morado y busca su móvil. Pasan varios minutos hasta que lo encuentra, dentro de un bolso marrón con una hebilla en el centro que había usado esa mañana cuando salió a dar una vuelta con, su mejor amiga. Enciende la linterna de su móvil y apaga la luz con rapidez. Se mete en la cama y se tapa con la manta. Aunque ya está a principios de Mayo, a Serena le encanta taparse con una buena manta. Ya dentro de la cama y con una postura bastante cómoda, enciende el móvil y revisa sus Whatsapps. No tiene ningún mensaje individual, pero si mil cuarenta y dos mensajes de los dos grupos a los que está unida. ¿Qué se chutan sus amigos? Si solo hace dos horas que miró el móvil y no tenía ni un mensaje. Uno de los grupos, de los que hay cuarenta y un mensajes, se llama “chicas”. Sus amigas y ella crearon ese grupo para enviarse fotos de “tíos buenos” que encuentran por internet y luego comentar como de buenos están. Parece una tontería, pero fue una gran idea crearlo, además, los chicos se enfadaban con ella cada vez que mandaban una foto así por el grupo de clase, así que, si querían hablar de esas cosas, tenían que crear el grupo. Cada vez que ve que alguna de sus amigas manda una imagen por ese grupo y comentan, no para de reírse, están locas. El otro grupo, del que salen los otros mil y un mensajes, es el grupo de clase. Cuando Serena entró en el grupo, sabía que no pararían de decir idioteces, pero no pensó en la cantidad de mensajes que podía mandar veinte personas más que aburridas de tanto estudiar, o de no hacerlo. La que comenzó la tertulia en el grupo fue, como no, su amiga Ariana. Ariana es de las pocas personas que conoce que tiene una personalidad desbordante, no tienen nada que ver la una con la otra, y eso es lo que hace que sean tan amigas. Y como no, empieza con una estupidez. Ha mandado una foto de Patricio, el amigo de Bob Esponja, diciendo: “te hacia gemelos hasta que salieran impares”. La verdad es que, aun que sea una tontería, ha hecho reír a todo el mundo, y, desde ahí, ha seguido una larga fila de mensajes que ha acabado en una conversación sobre “a que huelen las nubes”. La verdad es que no ha leído todos los mensajes, una de las cosas que caracterizan a Serena es su poca paciencia. Pero ya basta de estar con el móvil. Es muy tarde y mañana tiene clase, además, queda poco más de una semana para que empiece la siempre temida semana de exámenes y no puede seguir trasnochando si quiere pasar de curso limpia. Apaga el móvil y lo enchufa, ya que le queda muy poca batería. Sabe que no debe hacerlo. Ha habido muchos accidentes por culpa de tener tan cerca el móvil y además enchufado a la hora de dormir, pero si no lo hace, mañana la alarma no sonará, y llegará tarde. Se tumba en la cama y cierra los ojos, pero al minuto los vuelve a abrir. Tiene calor. Aunque no quiere, se deshace de la manta y vuelve a cerrar los ojos. Nada. Es incapaz de dormir con ese calor. No tiene ganas de levantarse, pero necesita hacerse un moño o una coleta, si no, se morirá de calor. Con todo el peso de su alma se baja de la cama y camina hasta su baño, el cual se encuentra dentro de su cuarto y conectan su habitación y la de su hermana, y entra. Se mira en el espejo que se encuentra sobre el lavabo y observa sus preciosos y enormes ojos verdes, ahora acompañados por unas oscurísimas y terribles ojeras, que afean la única parte de su cuerpo que la hacen guapa, aunque eso es mentira. Serena es muy guapa, pero es incapaz de verlo. Sus ojos siempre han llamado la atención, lo que le ha llevado a pensar que es lo único bonito de ella. Se estira la parte de debajo de sus ojos, rezando para que mañana esas ojeras hayan desaparecido y hace una mueca con la boca. Acerca la mano al armarito de madera que tiene al lado y lo abre. Coge una cestita de mimbre rosa y rebusca en ella un coletero. Cuando al fin lo encuentra, se pone de perfil y se mira al espejo. Su pelo rizado, castaño y con mechitas rubias en las puntas, que en un principio iban a ser californianas, pero que en la peluquería no consiguieron más que eso, cae sobre su espalda. Lo tiene largo, pero ojalá lo tuviera más. Pone los ojos en blanco y se lo sujeta sobre la cabeza. Se coloca el coletero y se ajusta la coleta, por fin hecha. Mucho mejor. Más fresquita. Se sonríe a sí misma y se encamina hacia a su cuarto. Apaga la luz del baño y se adentra en su habitación. Camina con rapidez hacia su cama, mientras todo a su alrededor es penumbra y oscuridad. Se mete en la cama y, después de un par de vueltas y ciento veinticinco ovejitas caminando por su mente, consigue quedarse dormida.

Nota: Los personajes y situalciones que aparecen en la novela son ficticios. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.