lunes, 9 de septiembre de 2013

Capítulo 4.


-¡eh! ¿Me estas escuchando? –Leire chasquea los dedos a menos de un centímetro de la cara de Serena mientras le mira con sus enormes ojos color almendra, abiertos como platos.

-¿qué? Si… eh… si- Serena afirma con la cabeza mientras camina al lado de su amiga, de camino a casa.

-¿ah sí? ¿Y qué piensas sobre lo que te he dicho? –Leire se para en frente de Serena, cortándole el paso para que se quede quieta y la mire a la cara. Serena se queda inmóvil, pensando en qué le estaría contando su amiga hace tan solo unos minutos.

- Creo que tienes toda la razón- le responde Serena, mirándola a los ojos, desafiante.

- pues yo creo que el profe de teatro tiene toda la razón, tienes un don increíble para la interpretación, me lo habría creído si no fuera porque te estaba hablando de lo estúpida que pareces caminando con la mirada perdida, sin dejar de pensar en el encontronazo con Marcos de este medio día. – Serena suspira, la ha pillado. Marcos es de su clase, ha hablado con él un par de veces y le ve todos los días pero este… este ha sido diferente, tiene que dejar de pensar en ello.

- ¿de verdad piensas que Miguel tiene razón? ¿Soy buena actriz? –Pregunta Serena muy interesada. Adora actuar, y su profesor lleva dos años poniéndole mucho empeño a que persiga su sueño y lo haga realidad.

Hace un año y pico, en segundo de la ESO…

Llevan desde navidad ensayando la obra, y por fin es mayo y la van a representar. Serena está muy nerviosa. Aun les queda retocar un par de cosillas y hacer el ensayo general. Ella fue la que dio la idea de hacer la obra de Shakespeare Sueño de una noche de verano, y todos, o casi todos, se lo toman en serio. Ahora mismo, están ensayando sin guión y sin atrecho, y el profesor, Miguel, les ayuda con los tonos de voz y los movimientos. Serena se siente en su salsa sobre el escenario. Se siente bien, tranquila, como si fuera lo más normal del mundo, mientras sus compañeros y el profesor, observan con atención como transcurre la obra, hasta que el profesor les pide que paren. Ellos lo hacen, y en ese momento, Miguel, señala a Serena, mirándola fijamente. Esta hace lo mismo, sin apartar la mirada, atenta a lo que su profesor vaya a decir. El silencio se alarga, está nerviosa por si le dice algo como “no vales para esto” o “no deberías ser la protagonista, tu actuación es un asco”, pero no lo dice, al revés, hace todo lo contrario.

-Me gusta mucho tu voz –me dice, con su voz grave, que se escucha en toda la sala. – me gusta mucho, tienes algo… no se- se pone una mano en la barbilla, haciendo como que piensa mientras Serena intenta no hacer signos de nerviosismo, aunque por dentro esté hecha un manojo de nervios y el corazón salta de alegría dentro de su pecho. –me gustaría que luego habláramos. –Serena asintió, ante la mirada interesada de todos sus compañeros, aunque finalmente, por unas cosas y por otras, no consiguió hablar con su profesor en todo ese curso.

Actualmente…

-Claro que lo creo, además, sería la leche tener una mejor amiga actriz, me traería muchos beneficios.- Leire ríe después de la ocurrencia que acaba de tener, mientras que Serena, niega con la cabeza sonriendo, su amiga sigue estando tan loca como siempre. –no, ahora en serio, Miguel tiene razón, tienes que luchar por ello… ¿no habló con tu madre hace poco?

-sí, y consiguió que me apoyara un poco más de lo que lo hacía antes, aunque sé que a ella no le gusta mucho el hecho de que quiera ser actriz. –le apena pensar en eso. Sabe que su madre la apoya y todo eso, pero no le entusiasma la idea de que su hija quiera llevar su vida por el camino de la fama. No se han dado cuenta, pero ya han llegado al lugar donde se separan para ir a casa.

-Bueno, nos vemos mañana, y como te quedes dormida otra vez, te juro que te mato- las dos ríen y se dan dos besos, dando por finalizado el camino a casa juntas. Serena ve como su amiga se aleja y ella, empieza a caminar hacia su casa. Mientras anda, recuerda que dentro de poco estrenan su nueva obra de teatro, La casa de Bernarda Alba, ella hace el papel de Magdalena. Tenía pensado hacer ese papel desde que el profesor les comunicó que representarían esa obra de teatro. Su familia le preguntaba constantemente porqué no hacía de Bernarda, ya que era el papel más fuerte, pero a ella le gustaba Magdalena. Su forma de ser, de hablar, de comportarse… fue el papel que más le llamó la atención en un principio, así que, hizo caso a su intuición y eligió ese papel.

Se sabe su papel de memoria, bueno, en realidad, se sabe la mayoría de las conversaciones. Ella es como el apuntador de su obra, con la excepción de que ella no necesita el guión.

Por fin llega a su casa. Saluda al portero desde fuera, mientras este, le abre la puerta. Serena empuja la pesada verja de hierro que la separa de su urbanización y entra. Observa los tres enormes edificios que consagran su urbanización mientras se encamina al más lejano, al edificio rojo, y algo feo que tiene en frente. Se alegra de estar, por fin, en casa. Estar tanto tiempo en el instituto le agobia. Saca las llaves y busca la que coincide con la puerta grande y rojo pasión que ha de abrir para llegar a su casa. Por fin la encuentra y gira la llave, tira de la puerta y entra. Se queda parada entre las escaleras y el ascensor, pensando por donde subir. Al final elige el ascensor, como siempre. Antes, como vivía en un piso sin ascensor, se veía obligada a subir por las escaleras, lo que significa que hacía ejercicio extra, pero ahora que tiene el ascensor, le da demasiada pereza subir andando, de lo que luego se arrepiente, ya que, tal vez, al subir a pie, estaría más entrenada y seguro que algo más delgada.

Al fin, llega a la puerta de su casa. Saca de nuevo las llaves y entra, cerrando tras de sí.

-Ya estoy aquí- grita Serena con todas sus fuerzas mientras deja las llaves en la mesita de la entrada.

- Hola cariño, ¿qué tal el día? –pregunta su madre desde el sofá, sin quitar la vista de la tele, pretendiendo no perderse nada de su telenovela favorita.

-muy bien, algo caluroso- ríe Serena- voy a cambiarme. – Serena entra en su cuarto y cierra la puerta, como de costumbre. Suspira cansada, y vuelve a recordar el choque con Marcos, pero se obliga a si misma a olvidarlo. Deja la mochila en el suelo y abre su armario de par en par. Se quita el uniforme, quedándose en ropa interior, lo que le da una gran satisfacción, ya que por fin, después de todo el día con el uniforme y sudando la gota gorda, se siente fresquita. Saca del armario un pantalón corto de chándal de color gris y una camiseta de tirantes rosa fucsia, y se viste, a todo su pesar. Entra en el cuarto de baño y se hace un moño, así no pasará tanto calor. Sale del baño y se acerca a su mesa de estudio, en el que ayer, dejó su guión de La casa de Bernarda Alba, y se pone a leerlo por encima, sin prestar atención a lo que lee, y diciendo sus frases como si fuera un robot. Y en ese momento, le entra el hambre. Piensa en comerse una fruta, pero sabe muy bien que en la balda alta de la nevera, hay una tableta de chocolate Milka, a la que no podrá resistirse, así que decide que ya le da igual todo, se la va a comer enterita. Abre la puerta, mirando al suelo, y cuando mira al frente, ve a su madre y a su hermana muy cerca de ella, y con una sonrisa de oreja a oreja. Serena grita del susto y se lleva la mano al pecho. No se imaginaba que fueran a esta ahí, y menos con esa cara de payaso de feria maligno.

-¿pero qué…? ¿Sabéis el susto que me habéis dado? –dice Serena, respirando agitadamente. Esta situación ha vuelto a recordarle su pesadilla de anoche y le da un escalofrío.

-¿se lo dices tú, o…?- Dice su hermana, mirando a su madre a la espera de una respuesta.

-díselo tú, Alexia- le dice su madre, con una sonrisa tonta en la cara, mientras Serena espera impaciente. Su hermana hace una pausa larguísima, y en el momento en el que Serena le va a decir a su hermana que no sea tan dramática, Alexia se le adelanta.

-Mamá…ha encontrado una audición para un casting… ¡para ti!
*******************************************************************************************

Nota: Los personajes y situalciones que aparecen en la novela son ficticios. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

martes, 27 de agosto de 2013

Capitulo 3.


Después de cinco clases interminables y un recreo entre medias demasiado corto, llega, por fin, la hora de comer. No tiene mucha hambre, además el menú de hoy es un conjunto de dos platos que Serena jamás habría elegido para llevarse a la boca, pero en fin, es lo que hay. A tercera hora, en matemáticas, llegaron Leo y Lucas. Llegaron a mitad de la clase, por lo que el señor García no les dejó pasar. Cuando terminó la clase, Lucas puso como escusa: “Leo ha desayunado demasiado rápido y se ha puesto a vomitar como un loco. Y yo, como buen amigo que soy, he ido a sujetarle la cabeza, y así durante una hora y…”. El señor García no les ha puesto un parte de amonestación a cambio de que Lucas se callara de una vez, ya que no hacía más que parlotear y explicar detalladamente cómo se hace para ayudar a un amigo que se está deshidratando a base de contracciones estomacales, y todo ese rollo. Bueno, gracias a la locura de su amigo, llevan librándose de los partes tres años, así que es el chico perfecto para su círculo de amigos.

Caminan charlando alegremente sobre algo que solamente ellos entienden y se sientan en las escaleras del edificio de secundaria, donde se sientan siempre desde primero de la ESO.

-mirarla, como mueve el culo, que parece una gallina- todos miran hacia donde señala Lucas, y entonces entienden de qué habla. Una chica alta y pelirroja natural se mueve exageradamente mientras habla con sus dos amigas. Resultaría patética si no fuera porque Alondra es la más popular de toda la ESO. Aunque no solo se mueve se esa forma para que todo el mundo la mire, lo hace para que el chico altísimo, musculado y morenazo que tiene en frente, se fije en ella. Y aunque a simple vista parece que Marcos no le presta atención a la chica perfecta que tiene delante y está hablando con Julio, su mejor amigo, en realidad, tiene sus preciosos ojos verdes clavados en la figurita “90 60 90” de Alondra. Observan como ella y sus amigas se dirigen al sitio donde están Marcos y Julio. Alondra habla animadamente con Marcos mientras éste, hace que la escucha cuando en realidad lo que está haciendo es mirarle en escote. – y ahora es cuando la líder de Las Boulevard le toca el pelo al tío mas cañón del colegio, le mira a los ojos e intenta darle un morreo delante de todo el mundo- todos ríen. El hecho de que Lucas esté celoso de Alondra les hace reír. Desde que su amigo se abrió a ellos y les contó que era gay todo cambió, su amigo compartía con las chicas lo que le parecían los chicos de clase y sus amigos tardaron en acostumbrarse, pero nunca le apartaron por ello. Vuelven a mirar donde su amigo señala y esperan a que Alondra haga lo que ha dicho Lucas. Y, sorprendentemente, eso es lo que hace. Enreda sus delicadas manos entre el brillante pelo rubio y ondulado de Marcos, para, a continuación, hacer lo que su amigo acaba de decir, aunque, no consigue llegar al final. Marcos la aparta antes de que Alondra pueda acercarle los labios a su cara. Todos se ríen entre dientes mientras Alondra se recompone y camina rápido hacia la cafetería con sus dos amigas detrás de ella como perrillos. – Vaya, eso no me lo esperaba- dice Lucas, sorprendido por lo que acaba de pasar.

-nadie se lo esperaba- dice Serena, que no le quita los ojos de encima a Marcos, que se echa el pelo para atrás mientras niega con la cabeza continuamente cuando se gira para hablar con Julio.

- la líder de las Chicas Boulevard derrotada, vaya, eso es algo digno de ver… ¿alguien lo ha grabado? –todos se giran hacia Leo, el cual se está partiendo de risa. Serena sonríe al recordar el día en el que denominaron a esas tres como “las Chicas Boulevard”.

Hace unos tres años, en primero de la ESO…

-¿desde cuándo son tan repelentes? –desde que Serena entró en el instituto hace cinco meses, no ha podido evitar ver como esas tres chicas se han apoderado del colegio.

-desde que llegó la pelirroja, está claro- Noel niega con la cabeza mientras mira a las tres chicas que tienen en frente comentando un rumor mientras se mira a un pequeño espejo redondo para retocarse el peinado.

-esas se van a convertir en las típicas “matonas pero siempre con el maquillaje y peinado retocados” de los institutos americanos, ya veréis, van a ser una especie de… de Chicas Boulevard de nuestro instituto- todos miran a Lucas esperando a que siga hablando, pero como no lo hace, Ariana decide intervenir.

-¿se puede saber de qué estás hablando? ¿Chicas Boulevard? ¿De dónde te has sacado eso, tío?- no salen de su asombro y esperan a que su amigo les conteste mientras éste, se piensa la respuesta.

-bueno, según lo que yo sé, un boulevard es una calle ancha, larga y arbolada ¿no?- Lucas hace una pausa mientras sus amigos asienten sin saber a dónde quiere ir a parar- pues, como ellas están arrasando con todo, son como una calle ancha...-Lucas para de hablar al ver la cara de incredulidad de sus amigos- me lo he inventado ¿vale? Es la primera palabra que se me ha venido a la mente- todos ríen después de un segundo de silencio y de varias miradas burlonas.

-bien, creo que Lucas ha tenido una buena idea, y “Las Chicas Boulevard” es pegadizo ¿no? Pues a partir de ahora Alondra y sus amiguitas serán Las Chicas Boulevard- Serena sonríe a la espera de la respuesta de sus amigos.

-está bien, un brindis por el nuevo bautizo- Noel levanta su bolsa de doritos y cada uno coge uno de su interior y lo levantan a la vez.

-por Las Chicas Boulevard- Serena choca su dorito con los de sus amigos para, a continuación, metérselo en la boca- Amén- todos ríen después de ese día que no olvidarán gracias al tonto de Lucas.

Actualmente....

Serena sigue mirando a Marcos, ajena a las risas de sus amigos a su espalda. Es que ese chico está tan bueno. Pero sabe que jamás tendrá una oportunidad con él. Sigue mirándole embobada cuando, sin darse cuenta, Marcos se gira y sus miradas se cruzan, aunque eso dura tan solo un segundo, lo que tarda Serena en darse la vuelta. Porque, a pesar de que parece lo contrario, Serena es la persona más tímida que existe, menos cuando entra en confianza, claro. Sonríe a sus amigos, como si hubiera estado escuchando toda la conversación, hasta que May empieza a mirarla fijamente.

-¿y a ti que mosca te ha picado? – Pregunta May sonriendo, lo que incita a los demás a mirarla fijamente.

-¿de qué hablas?-pregunta Serena, rezando por que su amiga no la haya visto babeando por Marcos.

-vamos, estas como un tomate, suéltalo- Dice May, dándole un puñetazo en el hombro a Serena, que apenas le duele.

-¿Qué dices?-pregunta Serena, llevándose una mano a la cara. Está ardiendo, y no le extraña. El simple hecho de que Marcos la haya mirado, hace que se ruborice. Parece boba, ni que ese tío fuera a enamorarse de ella por una estúpida mirada- debe ser del calor-dice, quitándole importancia- acompañarme al baño a echarme agua, anda.

Las chicas alzan los hombros y se levantan, encaminándose hacia el baño. Pasan al lado de Marcos y Julio, mientras Serena se prohíbe a sí misma mirarle, pero al parecer, los dos chicos, a los que antes sus amigos y ella habían estado observando, tienen la misma idea que ellas, y sin quererlo, se chocan con Serena y sus amigas, y Ariana y Serena están a punto de caer, pero no por culpa de uno solo de ellos.

-joe, Julio, ¿eres idiota? Dios, que daño- dice Ariana, algo cabreada. May la sujeta del brazo mientras su amiga levanta la pierna y se toca el tobillo. Mientras tanto, Serena intenta guardar el equilibrio, sin darse cuenta de que Marcos, el que casi la tira al suelo, la esta sujetando con los dos brazos, a tan solo unos milímetros de su cuerpo. Serena suspira, contenta de no haberse caído y haber quedado como una idiota delante de todo el colegio. Y entonces se da cuenta. Se da cuenta de que el chico más alucinante de todo el colegio la está agarrando como si fueran una pareja. Mira hacia arriba, con las mejillas rojísimas y sus ojos se encuentran. No sabe qué decir, se ha quedado totalmente en blanco. Y está a punto de decir algo cuando Ariana tira de su brazo y hace que vuelva a la tierra.

-pero serán orangutanes- dice Ariana en susurros caminando con sus amigas colgadas, cada una de un brazo suyo, mientras Serena, en lo único que puede pensar ahora mismo, es en el “abrazo” que le ha dado el tío más bueno del instituto.

Nota: Los personajes y situalciones que aparecen en la novela son ficticios. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

domingo, 11 de agosto de 2013

Capítulo 2.


Con los ojos cerrados y media dormida, una parte de su inconsciente escucha el despertador. Está muy cansada. Siente como si se acabara de ir a la cama. Intenta levantarse, pero no se siente con fuerzas como para hacerlo. Cinco minutos más. Pero entonces abre los ojos de golpe y recuerda que tiene puestos dos despertadores: el de la hora de levantarse y el de la hora de salir de casa. Recuerda, también, la melodía que acaba de escuchar. Blah, Blah, Blah, de Ke$ha. Sabe, por experiencia, que: canción que use como despertador, canción que acabará odiando. Así pues, puso esa melodía como despertador ya que se cansó de ella hace bastante tiempo. Y, en ese momento, también recuerda que esa canción es la que le avisa de que tiene que salir de casa. Salta de la cama y agarra el teléfono, rezando para que, en realidad, la melodía que haya escuchado haya sido Tik Tok, de la misma cantante que antes, y tenga tiempo para todo, pero no es así. Sabe lo que ha escuchado. Sale corriendo hacia el armario, ya que ayer, al irse tan tarde a la cama, olvidó dejar el uniforme preparado, vamos, algo que le retrasará aun más si cabe. Se pone el uniforme y vuelve a mirar el reloj. Las ocho. Y ha quedado con Leire, su mejor amiga, a las ocho y cinco, y no va a llegar al sitio donde quedan ni saliendo ahora mismo, así que decide mandarle un Whatsapp mientras va a por una galleta y se lava los dientes, todo a la vez. No sabe si podrá hacerlo, pero luego recuerda lo que la profesora de biología, Victoria, Vicky para los alumnos, les dijo eso de que las mujeres pueden hacer varias cosas a la vez, y decide que tiene razón. Escribe el Whatsapp mientras corre hacia la cocina, coge una galleta y la mastica con rapidez. Se encamina rápido hacia el baño. Cuando llega, termina de escribirlo y lo envía.

L, no me mates, pero he vuelto a quedarme dormida, tendrás que irte sin mí, no sufras;) –S.

 Deja su LG a un lado y se lava la cara y los dientes lo más rápido que puede. Cuando termina coge el peine que tiene al lado, al que llama “rastrillo” o “tenedor” y se peina la larga y difícil melena rizada. Cuando por fin se deshace de los enredos y, por las prisas, se arranca unos cuantos pelos que a ella le parecen mechones, deja el peine y busca su maletín de maquillaje. Cuando lo encuentra, se mira al espejo fijamente por primera vez en toda la mañana, con la esperanza de que las ojeras de ayer ya no se encuentren bajo sus ojos. Pero que va. Ahí siguen, riéndose de ella. Coge el corrector y el maquillaje y comienza a echárselo con sumo cuidado. No le gusta maquillarse tanto para ir a clase. Es más, normalmente solo se pinta la raya de los ojos y se echa un poco de rímel, no más. Pero hoy es necesario. Se pinta los ojos y se echa un poco de brillo en los labios, los cuales, normalmente, están cubiertos por una fina capa de cacao de fresa. Mira el móvil. Ya son más de y cuarto. Se echa la mochila al hombro y sale corriendo hacia la puerta lo más rápido que puede, ya que, en menos de quince minutos, el timbre del colegio sonará y, una vez más, llegará tarde.

Por fin, con la cara roja y sin aliento, la falda descolocada y los calcetines altos por los tobillos, llega al colegio asombrosamente  dos minutos antes de que suene el timbre. Se sienta en un bordillo cerca de la puerta principal del colegio a tomar aire y colocarse bien la ropa. No tiene ni idea de cómo ha llegado tan rápido. No le gusta hacer deporte, y mucho menos correr. Se le da mal y es demasiado vaga como para sacar tiempo para matarse a hacer ejercicio. Es algo que le supera. Es increíble lo mucho que cambian las cosas, porque, hasta hace dos años, Serena hacia todo tipo de deportes o extraescolares que la obligaban a hacer ejercicio. De pequeña, bailaba sevillanas, ballet y clásico. Luego fue a gimnasia rítmica, y todo este conjunto, acompañado de la natación. Después de todo esto, empezó con el baile moderno, pero al terminar primero de la ESO, lo dejó, al igual que dejó natación, y desde entonces, el único deporte que practica, es el que le mandan en las dos escasas horas de educación física que tiene a la semana. Uno de sus propósitos para el año que viene es apuntarse a algo, lo que sea, pero tiene que moverse.

Suena el timbre y se levanta de donde estaba sentada. Camina despacio hacia la puerta de secundaria, mientras contempla las enormes letras de la parte superior de ésta.

SECUNDARIA Y BACHILLERATO.

No entiende por qué no quitan de una vez lo de “Bachillerato” porque ese nivel se ha dejado de dar en su colegio por la gran cantidad de alumnos que entraban cada año. 

Llega al Hall y se da cuenta de que todos los alumnos ya han subido a sus respectivas aulas, así que, andando a rastras pero rápido pera que le dé tiempo a llegar a la primera hora, sube las escaleras que llevan a su aula, en el primer piso. Por fin llega. La puerta del aula de 3º E.S.O A sigue abierta, señal de que su tutora y profesora de lengua aun no ha llegado. Entra a clase desganada y deja su mochila en su mesa, atrás del todo, al lado de las taquillas azul cian que cubren toda la pared de la derecha. Mira hacia su izquierda y ve, sentados sobre las mesas de la esquina, a sus amigos. Sonríe. Después de esa mañana tan asquerosa ver a sus amigos cambia las cosas un poco. Se encamina hacia ellos despacio, como si sus pies no le pertenecieran y, cuando por fin llega, se apoya en la pared y saluda con una sonrisa cansada.

-hola chicos, ¿de qué habláis? – dice Serena, deseosa de que la despierten un poco con sus gritos indignados por cualquier tontería. Por fin, sus amigos la ven, no sin haberla pasado por alto antes, ya que normalmente, Serena, entra en clase sonriendo y gritando ¡Buenos días!, cosa que hoy no ha hecho por culpa del cansancio. El morenazo de ojos marrones, que le saca una cabeza, por lo menos y está de pie a su lado, la agarra por la espalda para que se una al grupo. El hecho de que Noel sea más fuerte que la pared hace que se sienta más descansada.

-vaya vaya, ¿Qué pasa? ¿Te has lavado la cara con pote? –Noel le observa la cara con detenimiento y luego se echa a reír como un loco. Serena le fulmina con la mirada, cerrando los ojos casi por completo, aunque tampoco es muy difícil debido a que apenas puede abrir los ojos del sueño que tiene.
-veo que hoy te has levantado con ganas de juerga- le contesta Serena de mala manera, decidida a explicarles el porqué de su cara de drogadicta con ocho quilos de maquillaje- pero todo esto es por culpa de esa- con la mano derecha señala su cara, mientras que, con la izquierda, señala a la chica morena de pelo rizado que tiene en frente, cómodamente sentada sobre una de las mesas.
-¿disculpa?- pregunta Ariana con cara de no tener ni idea de lo que Serena le habla, aunque pone una sonrisa algo burlona- ¿tengo yo la culpa de que no hayas dormido esta noche? A ver si lo adivino- se pone la mano debajo de la barbilla y mira al techa haciendo como que piensa, para después, volver a mirarla- has tenido un sueño húmedo conmigo, si es que soy irresistible hasta para las tías, aunque no sabía que fueras les…- Serena le manda callar y pone los ojos en blanco. Ariana siempre con sus tonterías.

-no, idiota,- Serena hace un gesto de exasperación al ver que Ariana ríe entre dientes- ¿recuerdas cuando me dijiste que no tenia lo que tenía que tener para ver esa terrible peli de miedo? Pues…- le da un escalofrío. Cuando la recuerda, le viene a la mente la estúpida pesadilla que tuvo después de verla. Ariana se echa a reír mientras todos miran a Serena con cara de asombro, ¿Sere viendo una peli de miedo? Anda ya.

-¿Y yo que sabia?- dice Ariana entre risas mientras Serena bosteza.- como eres tan miedica, pensé que no tendrías narices a verla, además, no me eches a mí las culpas, yo no te dije que la vieras, así que no me metas en tus líos.- dice sonriendo. En cierto modo tiene razón, pero no debería haberla retado. Finalmente Serena se rinde y sonríe, dándole la victoria a Ariana.

-Pues yo aun lo la he visto- dice la chica rubia y de ojos azul oscuro mientras se echa a un lado el flequillo con un movimiento de cabeza que solo ella sabe hacer.

-ves, la pecas ha sido lista- le dice Ariana a Serena, decidida a seguir con la conversación. –Bueno, Maialen ha sido lista- rectifica, a sabiendas de que May odia que le llamen “pecas”.

-No metas más el dedo en la llaga ¿quieres?- dice Sere sonriendo.- por cierto, ¿Dónde se han metido Leo y Lucas? –dice, intentando cambiar de tema. Mira por toda la clase en su busca, pero no les ve. Noel se encoje de hombros y cambia a Serena de brazo, ya que el otro, empezaba a dolerle.
-supongo que el bus se ha retrasado, o que ellos se han quedado dormidos- se echa a reír, y los demás con él. Normalmente esos dos siempre ponen la excusa del bus retrasado o perdido, o la excusa de: “me he quedado dormido y él ha tenido que esperarme, como buen amigo que es,” y así. Y en el momento en el que paran de reír, se abre la puerta y piensan que son sus dos amigos, pero no es así, en realidad son los que siempre llegan tarde, “los guays del colegio” como suelen llamarles. Ya sabéis, el típico trió de chicas guapas que todos conocen, aunque en realidad hay una líder y dos lameculos, y luego está el típico buenorro y su mejor amigo, los que, normalmente, no se fijan en chicas como Serena o sus amigas, excepto en los libros o las películas, claro. Les siguen con la mirada hasta que llegan a sus respectivas mesas, y entonces, vuelve a abrirse la puerta.

-chicos, siento el retraso, venga, a vuestros sitios, que hoy nos toca sintaxis, y sé que os encanta- dice Elisa, la tutora de la clase y profesora de lengua abriéndose paso entre todos los alumnos y alzando la voz para que la escuchen, entre tanto jaleo. Llega a su mesa y ya están todos colocados.- bueno, como veo, faltan los dos de siempre, que raro-y se echa a reír- bien, empecemos.

Nota: Los personajes y situalciones que aparecen en la novela son ficticios. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

viernes, 26 de julio de 2013

capitulo 1.


Ahí está, por fin, sobre el escenario, frente a todo el mundo. Mira a todas esas personas, que aplauden y gritan su nombre, al son de una melodía que apenas se escucha a causa de las ovaciones. Serena les mira sonriendo, uno a uno, buscando caras familiares. No ve a sus padres, y eso le parece raro. Ellos saben que para Serena, la actuación que acaba de hacer, es muy importante. Entonces se oye un grito. Serena deja de sonreír y todas las personas callan, con miedo, mirando hacia todas partes para ver si falta alguno de sus familiares. Entonces, temblona, baja del escenario y corre hacia la puerta, de la cual antes salía ese terrible gemido. Con el corazón en la boca y casi sin aliento, alcanza el manillar de la pesada puerta de acero del salón de actos y lo empuja con cuidado. Cuando consigue abrirla no abre los ojos, por miedo de lo que pueda encontrarse. Los va abriendo poco a poco y mira hacia el suelo. Aterrorizada y con la mandíbula desencajada intenta gritar, pero su garganta no consigue emitir ningún sonido. Se mira a ella misma y se da cuenta de que su traje ha cambiado. Ya no lleva ese traje de época rojo con flores amarillas y cancán, ahora su vestimenta es muy diferente. Lleva puesta una larga falda blanca que le llega a los pies y una camisa de la misma tela y color de la falda. Vuelve a mirar al suelo, donde una mujer, de la que su figura le resulta familiar, yace sobre un charco de sangre que proviene de su cuello. Intenta alejarse del cuerpo, pero algo se lo impide. Mira hacia abajo, y contempla, horrorizada, la sangre de la mujer subiendo por su falda. Grita, grita con todas sus fuerzas, hasta quedarse sin aliento y…

Abre los ojos y da un salto cayéndose del sofá. Se toca la frente, esta sudando. Respira hondo y suspira, ahora más tranquila y consciente de que solo era un sueño. Se levanta de un salto, algo dolorida después del golpe que acaba de recibir, al caerse del sofá. Estúpida pesadilla. Seguro que todo ha sido por culpa de esa película de miedo que vio antes de quedarse dormida. La verdad es que no entiende por qué ha visto esa película, ya que Serena es una cagada y no las aguanta, pero todo el mundo hablaba de ella y no pudo resistirlo, aunque se ha quedado dormida antes de que terminara, y eso que se ha tomado, mientras la veía, dos coca-colas normales para no dormirse. Mira la mesita de cristal que se encuentra en frente del sofá y ve las dos latas de coca-cola que se tomó antes, además de las dos bolsas de palomitas de maíz para microondas y el recipiente que llenó de patatas fritas súper onduladas, que ahora se encuentra vacio. Y ahora se arrepiente. No debería haberse comido todo eso. Siempre se queja de que ha engordado mucho en poco tiempo, aunque no se le note demasiado. Suspira. Se siente mal por habérselo comido, pero ya no hay vuelta atrás, ya no sirve de nada arrepentirse. Mete las dos latas de coca-cola en una de las bolsas de palomitas y mete ésta en el recipiente donde, anteriormente estaban las patatas fritas, y lo coge con una mano, mientras en la otra, lleva la segunda bolsa de palomitas. Camina despacio hacia la cocina, cansada. ¿Qué hora será? Ni idea, aunque se muere de sueño, asique debe ser muy tarde. Llega a la cocina y ve una nota de su madre en la nevera.

 Hola cariño. Tu hermana y yo nos hemos ido a casa de tu tío porque tenía que trabajar y nos llamó para que cuidáramos del primo Álvaro. Te lo he puesto en una nota porque te habías quedado dormida y no quería despertarte. No te vayas muy tarde a la cama que mañana tienes clase. Un beso, mamá.


Genial, sola en casa, ya que su padre trabaja hoy de noche. Deja todo lo que cogió antes, en la encimera color Corinto de la cocina y coge las dos latas para después tirarlas a la papelera de la bolsa amarilla. Deja el recipiente en el lavavajillas y se apoya en la encimera, cansada. Coge una de las bolsas de palomitas y mira en su interior. Quedan dos palomitas y mete la mano para cogerlas. Cuando ya las tiene en la mano las mira con deseo, no debería hacerlo pero se las come. Seguro que comiéndose esas dos palomitas ha contribuido a que su peso aumente en un quilo, pero basta ya de obsesionarse. Tira a la papelera las dos bolsas y sacude las manos. Se frota los ojos y se da cuenta de que ya no tiene sueño. Eso le preocupa. Mira hacia el reloj blanco de pared que tienen en la cocina. Las 2:41 de la madrugada. Suspira. Solo de pensar que mañana se tendrá que levantar a las siete de la mañana para ir a clase se cansa. ¿Y si no va? No, su madre la mataría. Además, va un poco mal en lo que se refiere a los estudios y no quiere arriesgarse a perder ninguna lección importante, aunque se distrae en clase con facilidad, pero algo de lo que diga el profesor se le quedará en la mente, aunque sea solo el titulo de la lección.

Apaga la luz de la cocina, no sin antes encender la del pasillo que lleva a su habitación. Después de la película que ha visto y de la pesadilla que ha tenido, no va a quedarse a oscuras estando sola en casa, ni hablar. Mirando al frente y con cuidado de no chocarse con nada, consigue llegar a su cuarto. Busca, a tientas el interruptor de su habitación, no sin antes mirar al suelo, por si acaso se encontrara un cadáver, como en su sueño. Cuando consigue encender la luz de su cuarto, apaga la luz del pasillo y entra en la habitación cerrando la puerta tras de sí. Contempla su cuarto, ahora iluminado por una luz blanca que proviene de de una lámpara de pared diseñada de tal forma que parezca un cuadro. Nunca le ha gustado esa iluminación, es más, siempre le ha recordado a la iluminación de una habitación de hospital. Espeluznante, definitivamente tiene que cambiar esa bombilla. Camina hacia el escritorio color morado y busca su móvil. Pasan varios minutos hasta que lo encuentra, dentro de un bolso marrón con una hebilla en el centro que había usado esa mañana cuando salió a dar una vuelta con, su mejor amiga. Enciende la linterna de su móvil y apaga la luz con rapidez. Se mete en la cama y se tapa con la manta. Aunque ya está a principios de Mayo, a Serena le encanta taparse con una buena manta. Ya dentro de la cama y con una postura bastante cómoda, enciende el móvil y revisa sus Whatsapps. No tiene ningún mensaje individual, pero si mil cuarenta y dos mensajes de los dos grupos a los que está unida. ¿Qué se chutan sus amigos? Si solo hace dos horas que miró el móvil y no tenía ni un mensaje. Uno de los grupos, de los que hay cuarenta y un mensajes, se llama “chicas”. Sus amigas y ella crearon ese grupo para enviarse fotos de “tíos buenos” que encuentran por internet y luego comentar como de buenos están. Parece una tontería, pero fue una gran idea crearlo, además, los chicos se enfadaban con ella cada vez que mandaban una foto así por el grupo de clase, así que, si querían hablar de esas cosas, tenían que crear el grupo. Cada vez que ve que alguna de sus amigas manda una imagen por ese grupo y comentan, no para de reírse, están locas. El otro grupo, del que salen los otros mil y un mensajes, es el grupo de clase. Cuando Serena entró en el grupo, sabía que no pararían de decir idioteces, pero no pensó en la cantidad de mensajes que podía mandar veinte personas más que aburridas de tanto estudiar, o de no hacerlo. La que comenzó la tertulia en el grupo fue, como no, su amiga Ariana. Ariana es de las pocas personas que conoce que tiene una personalidad desbordante, no tienen nada que ver la una con la otra, y eso es lo que hace que sean tan amigas. Y como no, empieza con una estupidez. Ha mandado una foto de Patricio, el amigo de Bob Esponja, diciendo: “te hacia gemelos hasta que salieran impares”. La verdad es que, aun que sea una tontería, ha hecho reír a todo el mundo, y, desde ahí, ha seguido una larga fila de mensajes que ha acabado en una conversación sobre “a que huelen las nubes”. La verdad es que no ha leído todos los mensajes, una de las cosas que caracterizan a Serena es su poca paciencia. Pero ya basta de estar con el móvil. Es muy tarde y mañana tiene clase, además, queda poco más de una semana para que empiece la siempre temida semana de exámenes y no puede seguir trasnochando si quiere pasar de curso limpia. Apaga el móvil y lo enchufa, ya que le queda muy poca batería. Sabe que no debe hacerlo. Ha habido muchos accidentes por culpa de tener tan cerca el móvil y además enchufado a la hora de dormir, pero si no lo hace, mañana la alarma no sonará, y llegará tarde. Se tumba en la cama y cierra los ojos, pero al minuto los vuelve a abrir. Tiene calor. Aunque no quiere, se deshace de la manta y vuelve a cerrar los ojos. Nada. Es incapaz de dormir con ese calor. No tiene ganas de levantarse, pero necesita hacerse un moño o una coleta, si no, se morirá de calor. Con todo el peso de su alma se baja de la cama y camina hasta su baño, el cual se encuentra dentro de su cuarto y conectan su habitación y la de su hermana, y entra. Se mira en el espejo que se encuentra sobre el lavabo y observa sus preciosos y enormes ojos verdes, ahora acompañados por unas oscurísimas y terribles ojeras, que afean la única parte de su cuerpo que la hacen guapa, aunque eso es mentira. Serena es muy guapa, pero es incapaz de verlo. Sus ojos siempre han llamado la atención, lo que le ha llevado a pensar que es lo único bonito de ella. Se estira la parte de debajo de sus ojos, rezando para que mañana esas ojeras hayan desaparecido y hace una mueca con la boca. Acerca la mano al armarito de madera que tiene al lado y lo abre. Coge una cestita de mimbre rosa y rebusca en ella un coletero. Cuando al fin lo encuentra, se pone de perfil y se mira al espejo. Su pelo rizado, castaño y con mechitas rubias en las puntas, que en un principio iban a ser californianas, pero que en la peluquería no consiguieron más que eso, cae sobre su espalda. Lo tiene largo, pero ojalá lo tuviera más. Pone los ojos en blanco y se lo sujeta sobre la cabeza. Se coloca el coletero y se ajusta la coleta, por fin hecha. Mucho mejor. Más fresquita. Se sonríe a sí misma y se encamina hacia a su cuarto. Apaga la luz del baño y se adentra en su habitación. Camina con rapidez hacia su cama, mientras todo a su alrededor es penumbra y oscuridad. Se mete en la cama y, después de un par de vueltas y ciento veinticinco ovejitas caminando por su mente, consigue quedarse dormida.

Nota: Los personajes y situalciones que aparecen en la novela son ficticios. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.