Ahí está, por
fin, sobre el escenario, frente a todo el mundo. Mira a todas esas personas,
que aplauden y gritan su nombre, al son de una melodía que apenas se escucha a
causa de las ovaciones. Serena les mira sonriendo, uno a uno, buscando caras
familiares. No ve a sus padres, y eso le parece raro. Ellos saben que para
Serena, la actuación que acaba de hacer, es muy importante. Entonces se oye un
grito. Serena deja de sonreír y todas las personas callan, con miedo, mirando
hacia todas partes para ver si falta alguno de sus familiares. Entonces,
temblona, baja del escenario y corre hacia la puerta, de la cual antes salía
ese terrible gemido. Con el corazón en la boca y casi sin aliento, alcanza el
manillar de la pesada puerta de acero del salón de actos y lo empuja con
cuidado. Cuando consigue abrirla no abre los ojos, por miedo de lo que pueda
encontrarse. Los va abriendo poco a poco y mira hacia el suelo. Aterrorizada y
con la mandíbula desencajada intenta gritar, pero su garganta no consigue
emitir ningún sonido. Se mira a ella misma y se da cuenta de que su traje ha
cambiado. Ya no lleva ese traje de época rojo con flores amarillas y cancán,
ahora su vestimenta es muy diferente. Lleva puesta una larga falda blanca que
le llega a los pies y una camisa de la misma tela y color de la falda. Vuelve a
mirar al suelo, donde una mujer, de la que su figura le resulta familiar, yace
sobre un charco de sangre que proviene de su cuello. Intenta alejarse del
cuerpo, pero algo se lo impide. Mira hacia abajo, y contempla, horrorizada, la
sangre de la mujer subiendo por su falda. Grita, grita con todas sus fuerzas, hasta
quedarse sin aliento y…
Abre los ojos
y da un salto cayéndose del sofá. Se toca la frente, esta sudando. Respira
hondo y suspira, ahora más tranquila y consciente de que solo era un sueño. Se
levanta de un salto, algo dolorida después del golpe que acaba de recibir, al
caerse del sofá. Estúpida pesadilla. Seguro que todo ha sido por culpa de esa
película de miedo que vio antes de quedarse dormida. La verdad es que no
entiende por qué ha visto esa película, ya que Serena es una cagada y no las
aguanta, pero todo el mundo hablaba de ella y no pudo resistirlo, aunque se ha
quedado dormida antes de que terminara, y eso que se ha tomado, mientras la
veía, dos coca-colas normales para no dormirse. Mira la mesita de cristal que
se encuentra en frente del sofá y ve las dos latas de coca-cola que se tomó
antes, además de las dos bolsas de palomitas de maíz para microondas y el
recipiente que llenó de patatas fritas súper onduladas, que ahora se encuentra
vacio. Y ahora se arrepiente. No debería haberse comido todo eso. Siempre se
queja de que ha engordado mucho en poco tiempo, aunque no se le note demasiado.
Suspira. Se siente mal por habérselo comido, pero ya no hay vuelta atrás, ya no
sirve de nada arrepentirse. Mete las dos latas de coca-cola en una de las
bolsas de palomitas y mete ésta en el recipiente donde, anteriormente estaban
las patatas fritas, y lo coge con una mano, mientras en la otra, lleva la
segunda bolsa de palomitas. Camina despacio hacia la cocina, cansada. ¿Qué hora
será? Ni idea, aunque se muere de sueño, asique debe ser muy tarde. Llega a la
cocina y ve una nota de su madre en la nevera.
Genial, sola
en casa, ya que su padre trabaja hoy de noche. Deja todo lo que cogió antes, en
la encimera color Corinto de la cocina y coge las dos latas para después
tirarlas a la papelera de la bolsa amarilla. Deja el recipiente en el
lavavajillas y se apoya en la encimera, cansada. Coge una de las bolsas de
palomitas y mira en su interior. Quedan dos palomitas y mete la mano para
cogerlas. Cuando ya las tiene en la mano las mira con deseo, no debería hacerlo
pero se las come. Seguro que comiéndose esas dos palomitas ha contribuido a que
su peso aumente en un quilo, pero basta ya de obsesionarse. Tira a la papelera
las dos bolsas y sacude las manos. Se frota los ojos y se da cuenta de que ya no
tiene sueño. Eso le preocupa. Mira hacia el reloj blanco de pared que tienen en
la cocina. Las 2:41 de la madrugada. Suspira. Solo de pensar que mañana se
tendrá que levantar a las siete de la mañana para ir a clase se cansa. ¿Y si no
va? No, su madre la mataría. Además, va un poco mal en lo que se refiere a los
estudios y no quiere arriesgarse a perder ninguna lección importante, aunque se
distrae en clase con facilidad, pero algo de lo que diga el profesor se le
quedará en la mente, aunque sea solo el titulo de la lección.
Apaga la luz
de la cocina, no sin antes encender la del pasillo que lleva a su habitación.
Después de la película que ha visto y de la pesadilla que ha tenido, no va a
quedarse a oscuras estando sola en casa, ni hablar. Mirando al frente y con
cuidado de no chocarse con nada, consigue llegar a su cuarto. Busca, a tientas
el interruptor de su habitación, no sin antes mirar al suelo, por si acaso se
encontrara un cadáver, como en su sueño. Cuando consigue encender la luz de su
cuarto, apaga la luz del pasillo y entra en la habitación cerrando la puerta
tras de sí. Contempla su cuarto, ahora iluminado por una luz blanca que
proviene de de una lámpara de pared diseñada de tal forma que parezca un cuadro.
Nunca le ha gustado esa iluminación, es más, siempre le ha recordado a la
iluminación de una habitación de hospital. Espeluznante, definitivamente tiene
que cambiar esa bombilla. Camina hacia el escritorio color morado y busca su
móvil. Pasan varios minutos hasta que lo encuentra, dentro de un bolso marrón
con una hebilla en el centro que había usado esa mañana cuando salió a dar una
vuelta con, su mejor amiga. Enciende la linterna de su móvil y apaga la luz con
rapidez. Se mete en la cama y se tapa con la manta. Aunque ya está a principios
de Mayo, a Serena le encanta taparse con una buena manta. Ya dentro de la cama
y con una postura bastante cómoda, enciende el móvil y revisa sus Whatsapps. No
tiene ningún mensaje individual, pero si mil cuarenta y dos mensajes de los dos
grupos a los que está unida. ¿Qué se chutan sus amigos? Si solo hace dos horas
que miró el móvil y no tenía ni un mensaje. Uno de los grupos, de los que hay
cuarenta y un mensajes, se llama “chicas”. Sus amigas y ella crearon ese grupo
para enviarse fotos de “tíos buenos” que encuentran por internet y luego
comentar como de buenos están. Parece una tontería, pero fue una gran idea
crearlo, además, los chicos se enfadaban con ella cada vez que mandaban una
foto así por el grupo de clase, así que, si querían hablar de esas cosas,
tenían que crear el grupo. Cada vez que ve que alguna de sus amigas manda una
imagen por ese grupo y comentan, no para de reírse, están locas. El otro grupo,
del que salen los otros mil y un mensajes, es el grupo de clase. Cuando Serena
entró en el grupo, sabía que no pararían de decir idioteces, pero no pensó en
la cantidad de mensajes que podía mandar veinte personas más que aburridas de
tanto estudiar, o de no hacerlo. La que comenzó la tertulia en el grupo fue,
como no, su amiga Ariana. Ariana es de las pocas personas que conoce que
tiene una personalidad desbordante, no tienen nada que ver la una con la otra,
y eso es lo que hace que sean tan amigas. Y como no, empieza con una estupidez.
Ha mandado una foto de Patricio, el amigo de Bob Esponja, diciendo: “te hacia
gemelos hasta que salieran impares”. La verdad es que, aun que sea una
tontería, ha hecho reír a todo el mundo, y, desde ahí, ha seguido una larga
fila de mensajes que ha acabado en una conversación sobre “a que huelen las
nubes”. La verdad es que no ha leído todos los mensajes, una de las cosas que
caracterizan a Serena es su poca paciencia. Pero ya basta de estar con el
móvil. Es muy tarde y mañana tiene clase, además, queda poco más de una semana
para que empiece la siempre temida semana de exámenes y no puede seguir
trasnochando si quiere pasar de curso limpia. Apaga el móvil y lo enchufa, ya
que le queda muy poca batería. Sabe que no debe hacerlo. Ha habido muchos
accidentes por culpa de tener tan cerca el móvil y además enchufado a la hora
de dormir, pero si no lo hace, mañana la alarma no sonará, y llegará tarde. Se
tumba en la cama y cierra los ojos, pero al minuto los vuelve a abrir. Tiene
calor. Aunque no quiere, se deshace de la manta y vuelve a cerrar los ojos. Nada.
Es incapaz de dormir con ese calor. No tiene ganas de levantarse, pero necesita
hacerse un moño o una coleta, si no, se morirá de calor. Con todo el peso de su
alma se baja de la cama y camina hasta su baño, el cual se encuentra dentro de
su cuarto y conectan su habitación y la de su hermana, y entra. Se mira en el espejo
que se encuentra sobre el lavabo y observa sus preciosos y enormes ojos verdes,
ahora acompañados por unas oscurísimas y terribles ojeras, que afean la única parte
de su cuerpo que la hacen guapa, aunque eso es mentira. Serena es muy guapa,
pero es incapaz de verlo. Sus ojos siempre han llamado la atención, lo que le
ha llevado a pensar que es lo único bonito de ella. Se estira la parte de debajo
de sus ojos, rezando para que mañana esas ojeras hayan desaparecido y hace una
mueca con la boca. Acerca la mano al armarito de madera que tiene al lado y lo
abre. Coge una cestita de mimbre rosa y rebusca en ella un coletero. Cuando al
fin lo encuentra, se pone de perfil y se mira al espejo. Su pelo rizado,
castaño y con mechitas rubias en las puntas, que en un principio iban a ser
californianas, pero que en la peluquería no consiguieron más que eso, cae sobre
su espalda. Lo tiene largo, pero ojalá lo tuviera más. Pone los ojos en blanco
y se lo sujeta sobre la cabeza. Se coloca el coletero y se ajusta la coleta,
por fin hecha. Mucho mejor. Más fresquita. Se sonríe a sí misma y se encamina
hacia a su cuarto. Apaga la luz del baño y se adentra en su habitación. Camina con
rapidez hacia su cama, mientras todo a su alrededor es penumbra y oscuridad. Se
mete en la cama y, después de un par de vueltas y ciento veinticinco ovejitas caminando
por su mente, consigue quedarse dormida.
Nota: Los personajes y situalciones que aparecen en la novela son ficticios. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.
Nota: Los personajes y situalciones que aparecen en la novela son ficticios. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.
Es creativo . Empiezas a leer y tienes que seguir . No puedo expresar la imaginación que tuvo esta chica . Sinceramente me encanta , me encanta .
ResponderEliminarmuchas gracias, me alegro de que te guste:) un besito
Eliminarestoy deseando leer el segundo capitulo, ahhh no puedo esperar. Sigue así, es maravilloso.
ResponderEliminarMuchisimas gracias, espero que lo sigas leyendo, y me alegro de que te guste:) un besito
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